Laicidad

 

1. ¿Qué es y qué no es laicidad?

Es la concepción y la organización de la sociedad basada en la separación Iglesia-Estado y que excluye a las iglesias del poder político o administrativo.

Etimología: del griego antiguo “laikos” que significa, del pueblo.

La separación de las iglesias y el Estado es condición y garantía de su imparcialidad, de su neutralidad confesional y de su orientación única hacia el bien común.

Implica que el Estado no tiene competencia en materia religiosa y que las religiones respetan y no interfieren en las leyes del Estado.

La laicidad libera a la esfera pública de cualquier tutela espiritual, sea cual sea, la de la religión o la del ateismo

Laicismo y democracia son términos indisociables, por lo tanto, no se entiende una democracia que financia una o varias religiones con dinero público (de todos).

La influencia de las religiones en el espacio público ya supone un privilegio frente a grupos o asociaciones civiles.

La laicidad aporta una respuesta moderna a un viejo problema: Cómo asegurar la heterogeneidad y la autonomía de los individuos y los grupos sociales por un lado y la autonomía del Estado respecto a las religiones por otro. Se trata de acabar con cualquier posibilidad de confusión Estado-Iglesia sobre la cuál puede apoyarse una tentativa de instrumentalización, venga de donde venga. Unas religiones instituidas para imponer al Estado sus prescripciones en materia de moral y convertirlas en ley para reforzar su magisterio y, por tanto, su poder sobre la sociedad y un Estado tentado a controlar la sociedad por medio de las religiones instituidas, subvencionadas y con asalariados en lo que se refiere a sus responsables de culto.

NO es laicidad ni el ateísmo, ni la hostilidad hacia la religión.

2. ¿Qué es la libertad de conciencia?

Es la posibilidad de elegir creer o no creer, de vivir con una religión o sin ella, de cambiar de opinión, creencias, valores. De vivir como cada uno entienda, independientemente de los demás.

Con ella el Estado no privilegia ninguna opción y se implica en la defensa de la igualdad de todos sea cual sea su opción espiritual.

En resumen, es la libertad de elegir los principios que gobiernan la vida de cada uno.

La libertad de conciencia es más amplia que la libertad religiosa pues protege además a todo individuo en la posibilidad de elegir filosofías o morales no trascendentales que no se refieren a ningún poder sobrenatural como el agnosticismo o el racionalismo.

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