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La propiedad de las ermitas, bajo vigilancia
Una entidad avisa a los pueblos para evitar que la Iglesia se las adjudique
EL PERIÓDICO 08/11/2013
La ermita de San Mateo de Gállego es objeto de litigio.Foto:EL PERIÓDICO
La asociación aragonesa MHUEL (Movimiento hacia un Estado Laico) ha realizado un llamamiento público a todos los municipios de la comunidad para que vigilen posibles cambios de edificios de uso religioso en el Registro de la Propiedad, a raíz del artículo 206 de la Ley Hipotecaria, que faculta a obispos y arzobispos a actuar como miembros de una corporación de derecho público a la hora de inscribir como propios bienes de dominio público, «sin necesidad de previa demostración de su titularidad y sin tener que ofrecer ninguna explicación al respecto».
Para MHUEl, este artículo convierte de hecho a los representantes eclesiásticos en auténticos notarios o fedatarios públicos, una cuestión que la asociación considera que «vulnera el principio de aconfesionalidad del Estado recogido en el artículo 16.3 de la Constitución».
En este sentido, MHUEL ha tratado, a través de diversas iniciativas, averiguar los bienes inmatriculados por las diócesis aragonesas para informar de estos hechos a los municipios aragoneses que puedan estar afectados. «El Gobierno y el Ministerio de justicia se han negado hasta el momento a facilitar información al respecto», señaló ayer la entidad en un comunicado.
Por este motivo, MHUEL «avisa y hace un llamamiento a los alcaldes de todos los municipios de Aragón para que acudan a los registros de la propiedad para verificar la titularidad de propiedades en el caso que éstas sean susceptibles de duda sobre su titularidad por distintos motivos».
La advertencia se refiere igualmente a los bienes inmuebles y fincas anexas a ermitas, abadías y monasterios que puedan ser objeto de discusión sobre su legítimo propietario o sobre los que no conste documentación.
«Respetamos las creencias o no creencias de la ciudadanía, pero queremos salvaguardar el interés público a la hora de impedir que ciertas leyes que otorgan privilegios que consideramos anticonstitucionales agravien y perjudiquen el patrimonio público», afirmó MHUEL en la misma nota.
¿Si no es de nadie lo pongo a mi nombre?
04/11/2013 El periodico de Aragon
La Iglesia registró en 2006 a su nombre como catedral la mezquita de Córdoba, por 30 euros. Una propiedad que no paga IBI y en la que se cobra entrada. Ha sido la más sonada de las inmatriculaciones –atribuirse propiedades sin dueño conocido–, pero no la única. En Navarra se han detectado más de 1.200 y está por conocer cuántas en otros lugares. No es fácil, ya que ese trámite no es necesario comunicarlo. Pero las instituciones civiles están obligadas a velar por el patrimonio común, aunque no estén mostrando demasiado interés en la campaña lanzada por organizaciones laicas.
Los laicistas investigan los bienes registrados por la Iglesia en Aragón
El PP negó la información hasta tres veces en el Congreso a preguntas de La Izquierda Plural. La ley permite a la institución católica atribuirse propiedades sin dueño conocido, sin comunicarlo
F. MANTECÓN 03/11/2013 El periodico de Aragon
Como Pedro negó a Jesús, tres veces, así el Gobierno de Rajoy declinó el año pasado, hasta en tres ocasiones, ofrecer información a preguntas del diputado de La Izquierda Plural, Chesús Yuste, sobre los bienes que posee las diócesis de la Iglesia Católica en Aragón, particularmente los que ha registrado desde 1998. La comunidad perdió así la vía política para engancharse a la lucha que desde hace cinco años mantienen muchos pueblos de Navarra, a los que el Gobierno anterior sí ofreció en su día esta información: descubrieron así que la Iglesia había inscrito a su nombre hasta 1.200 propiedades de la comunidad foral, que desde entonces los ayuntamientos luchan por recuperar.
Ante el bloqueo político, el Movimiento Hacia un Estado Laico (MHUEL) en Aragón se ha propuesto conseguir, por vías más tortuosas, la información sobre estos bienes. No es, insisten, por atacar a la Iglesia, sino porque la legislación en la que se ampara la institución para registrar bienes a su nombre atenta, a su juicio, contra la aconfesionalidad del Estado.
EN NAVARRA
La polémica de las inmatriculaciones –término que se refiere a la primera inscripción de un bien en el registro– surgió en Navarra, aunque hay ejemplos polémicos por toda España. En Aragón hay pocos, en gran parte debido a la falta de información.
El problema deriva del cambio del artículo 206 de la Ley Hipotecaria, llevado a cabo en 1998 por el Gobierno de José María Aznar sin someterlo a votación. Hasta entonces, la Iglesia ya tenía potestad para inscribir a su nombre, y sin comunicarlo a la Autoridad –es decir, con el obispo o arzobispo ejerciendo de facto como notario–, los bienes que considerase suyos y no tuviesen propietario conocido. Pero había una excepción, la de bienes de culto. El PP eliminó esa salvedad.
Según explica el decano del Colegio de Notarios de Aragón, Francisco Pizarro, el régimen especial de inscripción del que goza la Iglesia, al mismo nivel que ayuntamientos u otras administraciones públicas, no es una barra libre, pero sí tiene requisitos «más laxos» que los procedimientos habituales para adjudicarse un bien. En Navarra, han utilizado argumentos como que les pertencen «desde tiempo inmemorial» o que fueron levantados «por el pueblo de Dios».
Según explica Pizarro, tras el registro existe un periodo de dos años para presentar alegaciones. El problema es que, al no existir obligación de dar publicidad a este registro, los ayuntamientos no pudieron protestar. Simplemente, no lo sabían. Tras 20 años llega la prescripción, y el bien pasa a integrar, de forma prácticamente blindada, el patrimonio de la Iglesia. En la comunidad foral ya ha habido casos en los que se han vendido bienes inscritos con el procedimiento, comprados por 20 o 30 euros.
Al destaparse el escándalo en la comunidad vecina, MHUEL mantuvo contactos con los grupos políticos aragoneses para interesarse por la iniciativa, mientra a nivel nacional algunos grupos –el PSOE llegó «deliberadamente tarde», según denunció Europa Laica– se movilizaban para derogar o cambiar el artículo 206. Pero el Senado tumbó la iniciativa.
El Gobierno de Rudi informó al diputado Luis Soro de que no tenía la información que le solicitó –lógico, al no tener que comunicárselo–, aunque sí conocían un ejemplo. En el Congreso, Chesús Yuste tuvo aún menos fortuna. El Gobierno le contestó primero que los registros no eran de su competencia; al recordarle que sí estaban bajo el control de Justicia, argumentó que la Ley de Protección de Da-
EL ALCALDE TE INVITA A CENAR POR LAS FIESTAS DEL PILAR
MHUEL EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y LAICA
Nota de prensa a los medios de comunicación
Suspensión del acto de inicio de curso
Respuesta de MHUEL a la pastoral del pasado 1 de septiembre del arzobispo Urueña
No es un secreto que la ley impulsada por el ministro Wert tiene entre sus inspiradores a la jerarquía católica. La norma en tramitación recoge lo esencial de sus reivindicaciones históricas y “aún puede mejorarse” como decía el arzobispo Urueña en su pastoral del pasado 1 de septiembre y confirman las enmiendas que acaba de incorporar el PP en el parlamento en beneficio de la enseñanza privada concertada.
Es posible que a los nacidos tras la muerte de Franco les resulte difícil imaginar el enorme poder detentado por la jerarquía eclesiástica durante la dictadura nacional-católica. La imbricación entre lo religioso y lo civil, la confusión entre el pecado y el delito, el matrimonio y el sacramento, la ciencia y la creencia, junto al monopolio casi total en la educación no universitaria otorgaban a la jerarquía eclesial una preeminencia social sin parangón. Sin haber perdido completamente sus privilegios pretenden recuperar aquel estatus en su integridad. Y es que es difícil aceptar ser uno más cuando se ha gozado de un poder ilimitado.
Como bien dice el señor prelado, la norma básica que regula la enseñanza religiosa en España es el acuerdo con el Vaticano de 1979, que modifica, pero no deroga, el Concordato de 1953, de tal modo que tenemos vigente un texto legal elaborado “en el nombre de la Santísima Trinidad” que acota y restringe la soberanía legislativa del parlamento. Ningún gobierno ha osado romper el corsé. Unos, porque están a gusto encorsetados, otros porque creían que podían jugar con la indeterminación de ciertos conceptos para tratar de contentar a dios y al diablo, sin dar gusto a nadie y sin resolver el problema de fondo: garantizar una educación de todos y para todos, sin distinción de credos.
En su pastoral el arzobispo deja clara su pretensión. Quiere que “su” religión sea tan fundamental como la física, desde infantil hasta el bachillerato. Quiere que sea evaluable, que sea computable y obligar a que quien no quiera “su” religión tenga otra cosa. Y no saca a colación que el profesorado ha de ser seleccionado por la iglesia y pagado por todos porque lo da por hecho.
El movimiento laico piensa que la escuela ha de ser el lugar de todos; que ha de ser inclusiva y no segregadora según el color ideológico de los padres; que todo debe ser sometido al juicio de la razón y nada asumido dogmáticamente; que ha de formar personas críticas y no sumisas dispuestas a la obediencia jerárquica; que debe formar ciudadanos con criterio propio que les permita, de verdad, ser libres. En esa escuela no cabe el adoctrinamiento y sobra una religión dogmática. En esa escuela se debe estudiar el hecho religioso, pero desde una perspectiva poliédrica, respetando la conciencia de todos e impartida por profesorado ordinario, cuya diversidad y pluralidad sea reflejo de la sociedad.
Algo positivo puede sacarse de esta tremenda ofensiva del viejo nacional catolicismo español que aliado con el capitalismo más salvaje está desmontando los viejos equilibrios. Al ponerlo todo patas arriba todo queda sujeto a discusión. Su avaricia ha acabado por romper el saco y cada vez más gente comienza a ver la necesidad de nuevos consensos que no estén condicionados por el ruido de sables, el fru-fru de las sotanas y la vigilancia de los viejos poderes fácticos que encauzaron las energías de una transición descafeinada. Es hora de que las leyes dejen de hacerse como dios manda y se elaboren como el pueblo quiere.
Democracias éticas
A principios de 2011, el efecto aglutinado de diferentes movilizaciones populares de carácter laico llegó a El Cairo, la mayor ciudad del mundo árabe, llenando sus calles de demandas sociales y políticas de democracia, hasta provocar la caída del gobierno dictatorial de Mubarak, después de treinta años. Unas elecciones libres entregaron el poder a una fuerza que no participó en las revueltas y que en la primera vuelta apenas consiguió el 25% de los votos, y acomodó el ejercicio de su legitimidad formal de un modo restrictivo. Tres primaveras más tarde, el país ha vuelto al mismo lugar arrastrado por el mismo descontento, y el Ejército ha tomado el mando, sin que ni la UE ni Estados Unidos lo hayan calificado como golpe de Estado. Contradicciones y ambigüedades que conducen al concepto democracia a una encrucijada: ¿se trata, finalmente, solo de número de votos, aunque estos sirvan para excluir o reprimir, o se trata de un modelo para una sociedad que incluya derechos civiles para todos? Desde el sector más arrogante y escéptico de Occidente suele decirse que es su sustrato cultural –quieren decir, religioso– el que es incompatible con el de las sociedades libres. Pero tras ese prejuicio queda oculto otro motivo: es más fácil dominar la voluntad de un solo dirigente que la de todo un pueblo. También nos devuelve otra pregunta: ¿Es la nuestra una democracia guiada por la Razón o por la Fe?
En Europa, la Ilustración secular francesa queda ya muy lejos. La austeridad como canon tiene una base más religiosa que política. Klaus Schwab, presidente del Foro Económico de Davos no pudo ser más explícito, en enero de 2012: “Pagamos los pecados de estos últimos diez años” (*). Si en 1989 cayó la pared del lado oriental del Muro de Berlín, es ahora cuando, con el gradual pero firme desmantelamiento del Estado de bienestar, se finiquita la socialdemocracia que sirvió de contrafuerte físico e ideológico al mundo de los dos bloques durante la Guerra Fría. Socialdemocracia que perdió su sitio ante la ofensiva neoliberal de Reagan y Thatcher, que se degradó en el ‘”socioliberalismo” que teorizó Anthony Giddens y aplicó Blair para, finalmente, diluirse en el “pensamiento único” que caracterizó Ignacio Ramonet. La figura y biografía de Angela Merkel, como canciller del país hegemónico de la UE, en calidad de responsable o simple portavoz, reúne y refleja una doble influencia extraordinariamente oportuna: la intransigencia que antepone un plan rígido a las consecuencias para las personas, de alguien que se crió sobre el Telón de Acero; y su creencia luterana que guía los asuntos públicos mucho más allá de lo que Max Weber pretendió.
El teórico estadounidense Bill Buckley ya advirtió de que el neoliberalismo no tiene una particular pretensión política. El nuevo orden mundial no busca el beneficio en la producción y distribución sino en la inmediatez de la especulación financiera. David Harvey llama a esta lógica “acumulación por desposesión”. No existe un proyecto de futuro explicable y así el discurso retrocede y reintroduce preceptos morales en los asuntos sociales. Sin escrúpulos en la distinción entre opinión e información, se buscan los resortes afectivos con una retórica maniquea, una expresión siempre exaltada y una hipérbole permanente. En su versión europea, el lenguaje del ascetismo protestante domina: se habla de “disciplina”, de “sacrificios”; la vaga promesa de una “recuperación” aplazada a un futuro indeterminado, un más allá terrenal, como si todo fuera consecuencia de una plaga bíblica o una maldición y no de un cambio premeditado de reglas.
La Primavera Árabe expuso nuevos métodos a la altura de la tecnología del siglo XXI y un rico caudal simbólico. Recuperó las plazas, el ágora griego, como espacio abierto a la vida social. También evidenció el efecto viral y amplificador de las redes sociales y cómo múltiples causas pueden encontrar, de pronto, un resquicio inesperado, un detonante imprevisible. El Movimiento 15-M en España y sus secuelas probaron su utilidad global y dejaron un potente lema: “somos el 99%”. Mientras, las viejas democracias nominales europeas se alejan de los ciudadanos mediante órganos interpuestos, dudosamente representativos, fachada de un poder oligárquico; y un lenguaje que individualiza, que aísla, que empuja a “buscar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas”, como vio Ulrich Beck (**). Pero la historia del Hombre es la de la lucha por la libertad, que solo puede entenderse como conquista colectiva, desde un sentido ético que se atreve con la complejidad e incorpora la pluralidad. Un mundo en permanente construcción, que no excluye, de todos.
Autor :Jesús Laboreo
(Zaragoza, 1958). Licenciado en Historia y DEA en Filosofía, nunca en ejercicio. Desde el año 1987, en Ragtime (@ragtime_zgz), bar sin televisión, donde la música de jazz recuerda que el mundo es de todos y que se hace día a día.












